København or Copenague

Our trip to Sweden was accompanied by a visit to Denmark, and Malmö and Copenhagen are connected  by the Øresund bridge, the longest bridge in Europe, and crossing it is a very fun experience, at least for me, since between photos and videos, and passport control was very enjoyable.

At 7:30 in the morning I got up thanks to the sun that came through the window. Eager to get out of the house, I took a quick shower and prepared myself in record time. In just one hour we were going out into the streets of Malmö, and unlike the previous day, everything seemed gray and sad, this morning we saw a different face. People from here to there, queues at bus stops, a city full of life.

Our train left from the Trianglen station, but as it wasn’t going to be less, we made a stop in a Cafe and we asked for a coffee to take and to enjoy in the trip (If you follow us in Instagram, it was one of the cups protagonists of the stories in the route of the bridge).

In just 40 minutes, we said “hello” to the magnificent city of Copenhagen. Up the stairs, a gray sky appeared over our heads, and a lot of tiny snowflakes were scattered in the air. Without a doubt, it was very cold. But this wasn’t an excuse to stop us.

Our goal was to reach the port area and see the statue of the Little Mermaid, and we made it through the city. Although leaving the area of ​​buildings was not easy, since the wind was so cold, it hurt us. And it is that even the water of the rivers and inlets of the sea was frozen. But finally, we saw the Little Mermaid, a statue of a woman sitting on a rock in the harbor of Copenhagen Harbor, who pays tribute to the fairy tail of Hans Christian Andersen.

After this we went back to the center of the city and on our way to it we paused to warm up. We entered a cafe specializing in crepes and waffles, and as a curious fact, the answer of the kind man who served us to ask for soy milk, “here we only have the best milk of real cows.” It was the only place that had no alternative to cow’s milk, but his answer was at least anecdotal.

Going through the small streets we come across the Round Tower, which is exactly what its name indicates, a 35 m high tower that offers the best panoramic views of the city.

Asking for more high points of the city, we visited the AC Hotel Bella Sky, which has one of the best Sky Garden overlooking the city, unfortunately, the terrace was closed, they hope to reopen in a couple of months, and we only had access until the bridge of the 23rd floor, but even so, the views, and the vertigo, was fine. To make this stop we enjoy public transport, and we use the subway, a mini train of three wagons, without a driver. A train that looked like a capsule, with large windows, where the passenger sees the tracks at all times, something that struck me, since I’m used to the subway being a dark place without visibility.

At this time the hunger began to be noticed, and thanks to the recommendations of the Internet, we discovered an Italian restaurant that had delicious food where we could recharge energy and already return to Malmö, but this time we did it by bus, on land and observing the magnitude of the bridge.

***

Nuestro viaje a Suecia se vio compatido con una visita a Dinamarca, y es que Malmö y Copenhague se unen por el puente Øresund, el puente más largo de Europa, y atravesarlo es una expericencia muy divertida, al menos para mi, ya que entre fotos y vídeos, y control de pasaporte se me hizo muy ameno.

A las  7:30 de la mañana me levanté gracias al sol que entraba por la ventana. Ansiosa por salir  de casa, me di una ducha rápida y me preparé en tiempo récord.  En a penas una hora estábamos saliendo a las calles de Malmö, y a diferencia del día anterior, que todo nos pareció gris y triste, ésta mañana vimos una cara diferente. Gente de aquí para allá, colas en las paradas de autobús, una ciudad llena de vida.

Nuestro tren salía desde la estación de  Trianglen, pero como no iba a ser menos, hicimos una parada en una cafetería y pedimos un café para llevar y disfrutar en el trayecto (Si nos seguís en instagram, fue una de la tazas protagonistas del stories en el recorrido del puente).

En apenas 40 minutos, deciamos “hola” a la magnífica ciudad de Copenhague. Subiendo las escaleras, un cielo gris apareció cobre nuestras cabezas, y un montón de diminutos copos de nieves se esparcían en el ambiente. Sin duda, hacía mucho frío. Pero esto no fue una excusa para detenernos.

Nuestro objetivo era llegar a la zona portuaria y ver la estatua de la Sirenita, y lo hicimos atravesando la ciudad. Aunque al salir del la zona de edificios no fue nada fácil, ya que el viento era tan frío, que nos hacía daño. Y es que hasta el agua de los ríos y entradas del mar estaba congelada. Pero finalmente, vimos la Sirenita, una estatua de una mujer sentada en una roca en la bahía del Puerto de Copenhague,que hace homenaje al cuento de Hans Christian Andersen.

Después de esto volvimos al centro de la ciudad y de camino a él hicimos una pausa para entrar en calor. Entramos en una cafetería especializada en crepes y gofres, y como dato curioso, la respuesta del amable hombre que nos sirvió al preguntar por leche de soja, “aquí sólo tenemos la mejor leche de las vacas de verdad”. Fue el único lugar que no tenían alternativa a la leche de vaca, pero su respuesta fue cuanto menos anecdótica.

Recorriendo las callecitas nos topamos con la Torre Redonda, que es exáctamente lo que su nombre indica, una torre de 35 m de altura que ofrece las mejores panorámicas de la ciudad.

Preguntándos por más puntos altos de la ciudad, visitamos el AC Hotel Bella Sky, que cuenta con uno de los mejores Sky Garden con vistas a la ciudad, lamentablemente, la terraza estaba cerrada, esperan reabrir en un par de meses, y sólo tuvimos acceso hasta el puente de la planta 23, pero aun así, las vistas, y el vértigo, estuvo  bien. Para hacer esta parada disfrutamos del transporte público, y utilizamos el metro, un mini tren de tres vagones, sin conductor. Un tren que parecía una cápsula, con grandes ventanas, donde el pasajero ve en todo momento las vías, algo que me impactó, ya que estoy acostumbrada a que el metro sea un lugar oscuro y sin visibilidad.

A esta hora el hambre empezaba a hacerse notar, y gracias a las recomendaciones de Internet, descubrimos un restaurante italiano que tenía comida deliciosa donde pudimos recargar energía y ya volver hacia Malmö, pero esta vez lo hicimos en autobús, sobre tierra y observando la magnitud del puente.

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